martes, 9 de febrero de 2016

DOCE HOMBRES SIN PIEDAD

¿Hasta qué punto se puede juzgar a una persona sin conocerla?, ¿la condenarías? Pero… ¿y si eres parte de un jurado?, ¿qué actitud tomarías? En el presente texto analizaré y daré mi punto de vista sobre la problemática que plantea la película: 12 hombres sin piedad; y aunque se haya escrito innumerables temas sobre esta, hoy explicaré dos aspectos importantes que han llamado mi especial atención: los tipos de roles en la toma de decisiones en un equipo de trabajo y el dilema moral del juzgar a alguien sobre hechos u opiniones.
Ante el primer punto haré referencia a cuatro actitudes que se muestran en la película: el líder, el prejuicioso, el amargado y el analítico. El líder es aquella persona que presenta los hechos e intenta conciliar las respuestas de la mayoría y relata el caso que detallaré a continuación:
Un joven de 18 años es acusado de haber asesinado a su padre de una puñalada en el pecho; las pruebas y testimonios que se presentan son que el vecino del piso inferior oyó un golpe y ve al joven huir, una mujer que ve el asesinato desde su ventana al otro lado de la calle mientras pasaba el tranvía y la navaja que encontraron es idéntica a la que tenía el joven.
Delante de dichas pruebas el líder toma la palabra, realiza una votación y solo uno de los doce declara inocente al acusado; lejos de molestarse este líder permite que el hombre exponga sus razonamientos para luego realizar una segunda votación. A pesar de que cada uno tiene diversas razones para terminar lo más rápido posible el proceso y sentenciar al muchacho, el líder deja que el que está en contra tome la palabra y explique su punto. La actitud de este personaje nos deja una gran lección de cómo llevar a cabo una discusión grupal respetando las opiniones de los demás, manteniendo la unidad dentro del equipo.
                Un rol negativo que aparece en la trama es el prejuicioso, aquel que solo se basa en sus propias perspectivas y que ha encasillado a las personas de bajo estrato social. Para este hombre no le importa mucho los hechos sino quién los ha cometido, paradójicamente entre los del juzgado hay un entrenador que es exitoso y que proviene de las barriadas. Este prejuicioso establece una relación “inefable”, según su opinión: hogar destrozado más barrio deprimido igual amenaza para la sociedad. No se preocupa por ver los detalles del caso sino que hace hincapié del lugar de procedencia del muchacho. Ante situaciones similares dentro del equipo es necesario evitar toda clase de prejuicios sociales, raciales o de cualquier tipo, pues conlleva a la desunión y quiebra la armonía.
                Luego hace su aparición el personaje amargado de carácter colérico, pues no puede juzgar claramente porque una experiencia personal lo ha marcado. Su hijo, luego de una discusión, lo ha abandonado y toda esta situación no permite que sea imparcial en su decisión; el dolor lo ciega a pesar de que juntos pueden encontrar pruebas a favor de la inocencia del muchacho. Y es el que se resiste hasta al final hasta que se da cuenta que en realidad no era el problema con el joven que juzgaba sino que se proyectaba a su propio hijo desobediente.
                A pesar de que hay otros personajes interesantes en la película estudiaré a uno de los que sin su presencia hubiese sido imposible la problemática y controversia, aquel que pidió un poco más de tiempo para exponer su visión del caso y quien finalmente termina convenciendo a los demás de la inocencia del acusado.  Lo he titulado el “analítico” o “lógico” o “filósofo”, pues demuestra con argumentos sólidos y válidos la presunta inocencia del inculpado. Repasaremos los argumentos lógicos que plantea este personaje:
1.       El viejo no pudo haber escuchado ningún grito pues el tren que pasaba en el momento de la puñalada impidió que se escuche claramente lo que pasaba en otro piso, además que también era poco probable que viera al muchacho pues desde su habitación al pasillo de las escaleras el tiempo aproximado es de 45 segundos a un minuto y el viejo afirmó que fue en 15 segundos; además que no pudo correr porque es cojo.
2.       La vecina no pudo haber visto con claridad porque estaba durmiendo cuando ocurrió el hecho y no pudo haber visto claramente ya que usa lentes además de considerar la distancia que confirma dicha hipótesis.
3.       La navaja que se encontró en la escena del crimen no contaba con ninguna huella digital y aunque el vendedor asegura que esa navaja es sumamente particular, el “lógico” pudo comprar una idéntica.
Lo más impactante de este razonamiento es que él planteaba las ideas pero fueron los mismos miembros del jurados quienes pudieron finalmente ir deduciendo y planteando hipótesis válidas para cada hecho o testigo que se presentó en el caso.
               
                Para concluir, en este segundo punto intentaré resolver las dudas planteadas al inicio. Estos once hombres estaban dispuestos a condenar a la silla eléctrica (muerte) a un joven con solo escuchar los hechos y testigos pero ninguno se dio el trabajo de observar y analizar el caso con detenimiento, cada uno de ellos tenía una razón justificable para condenar al acusado. Justamente nuestro personaje “analítico” logra hacer reflexionar a cada uno sobre la decisión de mandar a la muerte (con argumentos que en realidad resultaron ser falaces) y que juntos pudieran finalmente llegar a un acuerdo unánime. El logró asentar una duda razonable en cada uno de los hombres que no mostraron piedad porque comprendió que la decisión que iban a tomar implica responsabilidad y un amplio criterio para vencer toda clase de prejuicios, experiencias personales, opiniones, razonamientos infundados, etc.
La película presenta un buen argumento y logra atrapar la atención de los espectadores que miran con asombro cómo un buen razonamiento, sentido común y sensibilidad pueden lograr que se tomen decisiones asertivas que beneficien a quienes más lo necesiten.

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