¿Hasta qué punto se puede juzgar a una persona sin conocerla?, ¿la
condenarías? Pero… ¿y si eres parte
de un jurado?, ¿qué actitud tomarías? En el presente texto analizaré y daré mi
punto de vista sobre la problemática que plantea la película: 12 hombres sin piedad; y aunque se haya
escrito innumerables temas sobre esta, hoy explicaré dos aspectos importantes
que han llamado mi especial atención: los tipos de roles en la toma de
decisiones en un equipo de trabajo y el dilema moral del juzgar a alguien sobre
hechos u opiniones.
Ante el primer punto haré
referencia a cuatro actitudes que se muestran en la película: el líder, el prejuicioso, el amargado y el
analítico. El líder es aquella persona
que presenta los hechos e intenta conciliar las respuestas de la mayoría y relata
el caso que detallaré a continuación:
Un joven de 18 años es acusado de
haber asesinado a su padre de una puñalada en el pecho; las pruebas y testimonios
que se presentan son que el vecino del piso inferior oyó un golpe y ve al joven
huir, una mujer que ve el asesinato desde su ventana al otro lado de la calle
mientras pasaba el tranvía y la navaja que encontraron es idéntica a la que
tenía el joven.
Delante de
dichas pruebas el líder toma la palabra, realiza una votación y solo uno de los
doce declara inocente al acusado; lejos de molestarse este líder permite que el
hombre exponga sus razonamientos para luego realizar una segunda votación. A
pesar de que cada uno tiene diversas razones para terminar lo más rápido
posible el proceso y sentenciar al muchacho, el líder deja que el que está en
contra tome la palabra y explique su punto. La actitud de este personaje nos
deja una gran lección de cómo llevar a cabo una discusión grupal respetando las
opiniones de los demás, manteniendo la unidad dentro del equipo.
Un rol negativo que aparece en
la trama es el prejuicioso, aquel que
solo se basa en sus propias perspectivas y que ha encasillado a las personas de
bajo estrato social. Para este hombre no le importa mucho los hechos sino quién
los ha cometido, paradójicamente entre los del juzgado hay un entrenador que es
exitoso y que proviene de las barriadas. Este prejuicioso establece una
relación “inefable”, según su opinión: hogar destrozado más barrio deprimido igual amenaza
para la sociedad. No se preocupa por ver los detalles del caso sino que hace
hincapié del lugar de procedencia del muchacho. Ante situaciones similares
dentro del equipo es necesario evitar toda clase de prejuicios sociales,
raciales o de cualquier tipo, pues conlleva a la desunión y quiebra la armonía.
Luego hace su aparición el
personaje amargado de carácter colérico, pues no puede juzgar claramente porque
una experiencia personal lo ha marcado. Su hijo, luego de una discusión, lo ha
abandonado y toda esta situación no permite que sea imparcial en su decisión;
el dolor lo ciega a pesar de que juntos pueden encontrar pruebas a favor de la
inocencia del muchacho. Y es el que se resiste hasta al final hasta que se da
cuenta que en realidad no era el problema con el joven que juzgaba sino que se
proyectaba a su propio hijo desobediente.
A pesar de que hay otros
personajes interesantes en la película estudiaré a uno de los que sin su presencia
hubiese sido imposible la problemática y controversia, aquel que pidió un poco
más de tiempo para exponer su visión del caso y quien finalmente termina
convenciendo a los demás de la inocencia del acusado. Lo he titulado el “analítico” o “lógico” o
“filósofo”, pues demuestra con argumentos sólidos y válidos la presunta
inocencia del inculpado. Repasaremos los argumentos lógicos que plantea este
personaje:
1.
El viejo no pudo haber escuchado ningún grito
pues el tren que pasaba en el momento de la puñalada impidió que se escuche
claramente lo que pasaba en otro piso, además que también era poco probable que
viera al muchacho pues desde su habitación al pasillo de las escaleras el
tiempo aproximado es de 45 segundos a un minuto y el viejo afirmó que fue en 15
segundos; además que no pudo correr porque es cojo.
2.
La vecina no pudo haber visto con claridad
porque estaba durmiendo cuando ocurrió el hecho y no pudo haber visto
claramente ya que usa lentes además de considerar la distancia que confirma
dicha hipótesis.
3.
La navaja que se encontró en la escena del
crimen no contaba con ninguna huella digital y aunque el vendedor asegura que
esa navaja es sumamente particular, el “lógico” pudo comprar una idéntica.
Lo
más impactante de este razonamiento es que él planteaba las ideas pero fueron
los mismos miembros del jurados quienes pudieron finalmente ir deduciendo y
planteando hipótesis válidas para cada hecho o testigo que se presentó en el
caso.
Para concluir, en este segundo
punto intentaré resolver las dudas planteadas al inicio. Estos once hombres
estaban dispuestos a condenar a la silla eléctrica (muerte) a un joven con solo
escuchar los hechos y testigos pero ninguno se dio el trabajo de observar y
analizar el caso con detenimiento, cada uno de ellos tenía una razón
justificable para condenar al acusado. Justamente nuestro personaje “analítico”
logra hacer reflexionar a cada uno sobre la decisión de mandar a la muerte (con
argumentos que en realidad resultaron ser falaces) y que juntos pudieran
finalmente llegar a un acuerdo unánime. El logró asentar una duda razonable en
cada uno de los hombres que no mostraron piedad porque comprendió que la
decisión que iban a tomar implica responsabilidad y un amplio criterio para
vencer toda clase de prejuicios, experiencias personales, opiniones,
razonamientos infundados, etc.
La película
presenta un buen argumento y logra atrapar la atención de los espectadores que
miran con asombro cómo un buen razonamiento, sentido común y sensibilidad
pueden lograr que se tomen decisiones asertivas que beneficien a quienes más lo
necesiten.
No hay comentarios:
Publicar un comentario